Mis Relatos

Hay personas que se quedan para siempre y otras fugaces…

Todo cambia cuando sientes por qué está una persona en tu vida…

Algo cambia interiormente, porque entonces puedes ver a esa persona desde tu observador interno, no como algo externo a ti, sino como un espejo que te invita a subir más peldaños al encuentro contigo mismo.

Hay personas con lazos que son para siempre, como la familia. A veces a muchos familiares no los conocemos, ni los hemos visto, pero si hay algo invisible que nos conecta con todos los seres humanos, podemos imaginarnos la fuerza de la sangre y la genética navegando en otros cuerpos humanos que llevan una impronta, unas memorias, un recorrido, un lazo de sangre… Y eso es la familia, tejiendo lazos invisibles por todo el mundo…

Y cuando caminamos, en esta vida aparecen las personas perfectas para nuestro despertar: amistades, parejas, conocidos, o una persona que con un simple comentario te lleva a las más profundas respuestas de tu corazón. A veces un simple gesto de alguien, un comentario, una caricia, puede cambiarnos la vida.

Porque vamos dejando huellas perdurables… huellas que narran lo que vivimos, lo que pasamos y lo que estamos sintiendo y siendo ahora… ¡En este instante cargado de poesía, al mismo que es narrado, desaparece…!

Y hay personas que se van de nuestra vida también, que deciden seguir su camino, porque hubo algo que no entendieron de nosotros, porque no nos entendimos, o porque simplemente nuestra historia terminó… No tendría sentido perdurar algo que no lo tiene.

Tiene sentido una relación en la que está nuestra conciencia haciéndonos despertar, a veces, las más profundas heridas para ser vistas, sanadas, amadas, liberadas… ¡Esta es la oportunidad de relacionarnos…!

Pero para que en las relaciones suceda la transformación, hace falta honestidad. Relacionarnos desde lo que somos, desde lo que sentimos, desde nosotros. Una relación basada en nuestra personalidad, en lo que parecemos ser, tan sólo es maquillaje, lo que dificulta una transformación real o la ralentiza…

Y qué bueno si pudiéramos abrirnos el pecho…Empezar a ver que el otro no nos genera sufrimiento, que nosotros podemos parar lo que nos duele y que todo lo que sucede está dentro…

Cuando descubrí que llegaste a mi vida para estar sólo un tiempo, que tan sólo venías a darme la mano para tomar más fuerza, que habías venido como caído del cielo para mirarme en tus rasgados ojos, algo sucedió en mi. Me llené de tristeza. Porque en mi expectativa, en mi cuento y metáfora, oh, ¡Estabas para siempre!

Pero aquello sólo eran novelas, cuentos de mi memoria, algo que aprendí y un anhelo profundo del alma que ni yo misma entiendo. Deseé profundamente que estuvieras para siempre… Me era indispensable pensar que el nectar de tus ojos algún día tendría fin. ¡Porque juntos coloreamos la existencia y danzamos como dioses! ¿Cómo puedes ser infinito? ¿Cómo puede llegar al fin nuestra historia?

Si. Puedo ver en tus ojos el fin de la novela. Ni soy lo que amas ni eres lo que busco. Quizá por eso sea una historia de amor fugaz, fugaz, fugaz, ¡Cómo las estrellas!

Y al mismo tiempo en que descubro que te irás algún día, empiezo a descubrir el regalo que me dio la vida al ponerte frente a mi para que yo misma me viera y descubriera aquellas partes que sin ti, no sé si algún día hubiera descubierto.

Fuiste despegando uno a uno mis miedos, los arrancaste de golpe buscándome el corazón. Me buscabas sin saber mi nombre, adorándome, porque era la forma de encontrar alguna parte perdida de ti.

Y una vez encontremos esa parte que ya empezamos a ver, la historia termina. Y puedo ver cómo el telón comienza a bajarse cuando se opone poco a poco nuestro sol…

Contengo todo el amor en mi corazón, y siempre te amaré como a las estrellas fugaces. Esas que dejan un recuerdo en la memoria imborrable pero que nadie puede detener su ruta.

Y esta es mi forma de amarte, sabiendo que no eres para siempre, que no me perteneces y que eres una figura perfecta del Universo para ir a mi encuentro.

Habrá personas que se queden para siempre, que estén aquí, que sirvan de apoyo para el camino del espíritu, pero sin duda, otras tan sólo serán en un instante, un minuto, dos horas, un año, dos, 4 meses… Y cada una de ellas son peldaños de consciencia, amándonos, abrazándonos, recordándonos quienes somos, invitándonos entre todos a despertar.

Amor para todos.

Devi R.

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