Mis Relatos

La vida es un girasol gigante

 

Fue así, o al menos, así me gusta narrarlo. Después de todo hay cuentos que siempre perduran en nuestras memorias, porque el deseo de ser infinito va implícito con el ser humano.

Solo en nuestra ilusión somos seres finitos. Cualquiera de nuestros gestos puede hacernos infinitos. Una ayuda a un desconocido puede cambiar su vida, su instante…

Y somos instantes,momentos,galaxias, movimiento, memorias que guardamos…

Yo crecí rodeada de lava, volcanes, tunos,la teta de mi madre. En una tierra árida, seca, en la que cultivar era toda una valentía y milagro… crecí con los pies descalzos mientras mi padre decoraba el jardín con girasoles gigantes.

El limonero se llenaba de vida cuando pasaban los años… y los mangos,cargados de hebras que quedaban entre los dientes, estaban dotados de un dulzor inolvidable.

El sol caía como plomo sobre el lapilli que rodeaba la casa. Pero mis pies seguían descalzos. Y cuando llovía y azotaba el húmedo Alisio en mi rostro,mis pies permanecían descalzos.

Crecí en el Volcán de Tahiche, donde aprendí a enfrentar su silencio y su misterio y a asombrarme ante la flor que nacía entre las ranuras que quedaban en los mantos de lava…

Mis hermanos no pudieron nacer, aunque mis padres querían darme un hermano. Ellos no nacieron, se quedaron en el túnel. Y aunque no les vi los rostro, muy en el alma, los amo.

Crecí entre perros. Crecí al cuidado de una boxer entrañable (a mi lado) que me protegía y en horario de tarde jugaba al escondite.

Crecí a los pies de un àrbol que se cargaba de flores rojas… Un árbol que a la vez que crecían mis brazos, parecían estirarse más y más sus ramas.

Crecí en el entorno perfecto para enseñarme, hacerme preguntas sobre el amor, la familia,la vida…

Dibujaba a fin de encontrarme… Por eso descubrí un día que el sentido de todo era volver de regreso a ese girasol gigante que crece dentro, dentro de uno. Ese latido profundo que nos ama y sostine…

El camino al corazón, ese que nos salva de todo, ese que nos quiere.

Entonces entendí por qué mi padre quería plantar flores, llenar el jardín de belleza… Era una forma de acariciarme el alma, de hacerse inolvidable, presente, infinito… Y sobre todo llevarme a descubrir que el girasol gigante está dentro de mi. Que lleva tiempo para que crezca, que tiene sus necesidades y requiere cuidados, que puede doblarse ante el viento pero vuelve a tomar fuerza… y que después de abrirse ante la vida, deja caer sus semillas…

Y finalmente el girasol desprende sus hojas, cae hasta fundirse con el corazón de la madre tierra. Se vuelve ceniza, rio. Así como la vida… que luego renace.

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