Mis Relatos

La vejez es un estado mental

La mayoría de las personas son “antigüedades psicológicas”; jamás cambian y, año tras año, continúan siempre igual. Todas tienen idiosincrasias autolimitativas, pero éstas no fueron colocadas en tu naturaleza por Dios sino creadas por ti mismo. Debes cambiar esas idiosincrasias, teniendo presente que tales hábitos peculiares de tu naturaleza no son más que manifestaciones de tus propios pensamientos.

Si consideras que tu carácter no es como debería ser, recuerda que fuiste tú mismo —y no otra persona— quién lo modeló. Indudablemente recibió influencias externas, pero la aceptación interna constituye el factor determinante. Si todos afirman que Juan es un mal chico, y Juan acepta ese juicio, posiblemente no hará el esfuerzo de mejorar, sino que adoptará ese pensamiento negativo. Pero si se niega a aceptarlo él podrá ser diferente.

Nunca se debe perder la esperanza de mejorar. Una persona es vieja sólo cuando rehúsa esforzarse por cambiar. Ese estancamiento es la única “vejez” que yo reconozco. Cuando alguien dice una y otra vez: _*”No puedo cambiar; ésa es mi manera de ser”*_, no me resta más que decirle: “Muy bien, continúe de esa manera, ya que ha decidido ser así.”

Trata de ser más flexible, como un niño. Sin embargo, incluso algunos niños se hayan envejecidos desde temprana edad, porque carecen del debido entrenamiento y no se les ha proporcionado el incentivo adecuado para cambiar las tendencias de vidas pasadas; su arcilla mental ya fue cocida en el horno, y crecen con las mismas inclinaciones que tenían en la infancia.

Por otro lado, existen ancianos con quienes he hablado tan sólo una vez y que han logrado transformar y mejorar sus vidas. Dios no hace distinciones de edad, porque el alma es eternamente joven. Quienes están siempre dispuestos a perfeccionarse se vuelven inocentes como niño. Así son los grandes maestros.

*Paramahansa Yogananda*
(El Viaje a la Iluminación)

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