Mis Relatos

De dentro hacia fuera

… Y Amarte lo suficiente como para valorar el pedazo de la existencia que eres, valorarte lo suficiente como para saber lo que quieres, lo que eres, y compartirlo, cuando sientes…

La vida me mostró que es más fácil partirse en pedazos para mantener a los demás completos que ocuparme de el pedazo de la existencia que soy.

Aceptar el ser que soy con responsabilidad, es un trabajo, supone dar un salto, renovar mis ocupaciones, vencer obstáculos y afrontar miedos.

Pero el resultado es dulce, amoroso, verdadero… Es tan dulce, que vale la pena cerrar mis ojos y dar éste salto, sentir mi corazón y responsabilizarme de mi existencia: este cuerpito que Dios me dio, esta respiración, las bendiciones, lo que hay que cerrar y resolver . Los obstáculos que también son bendiciones.

De no haber tenido obstáculos, no podría haber llegado a ésta conclusión. Gracias a los obstáculos pude transitar a otros espacios, pude sentir más amor.

¡CADA DIFICULTAD trae BENDICIONES!

Es más eficiente ocuparme de mi propia vida, pues cada uno tiene sus recursos, motivos, momentos para crecer, su propia luz que desea manifestarse…

Si me ocupo de mi propia existencia, la agradezco y busco la soluciones a mi propia vida, me siento nutrida y amada. Entonces, puedo amarte de una manera diferente, desde un lugar diferente, transitando a otro espacio, más libre, más entera.

La vida me dijo que nací para viajar hacia adentro, para recordar el ser que soy, para aceptarlo por fin, para amarlo profundamente, para amar a mis creadores (papá y mamá), para aceptar la vida con sus leyes, para aceptar cualquier obstáculo o dificultad que mi mente pueda interpretar como imperfección… Para reconocer la luz.

Y desde ese lugar que me gusta llamar vida, desde ese lugar que es pureza y eternidad, compartimos de manera diferente con el resto de los seres. 

PERO EL CAMINO EMPIEZA DE DENTRO A FUERA.

Pido a la vida el valor para reconocer el pedazo que soy sin medidas, y amarlo tanto que pueda compartir con los otros seres, sin necesidad de partirme en pedazos, simplemente compartirme, lo que siento y lo que soy, entera, completa, y libre.

Pido a la vida crecer, con amor, perdonar, dejar que transite la luz a través de mi cuerpo, a través de cada una de mis células. Que entre la luz en mi corazón, permito que entre y se expanda por todo mi ser en este momento. Permito ser amor, permito ser luz, permito que el poder de la creación se manifieste a través de mí.

Yo le pido a Dios, que la próxima vez que te vea, aunque no tengas nombre, aunque sólo hayamos compartido un minuto de vida, o tal vez algún día no nos entendiéramos, yo sólo sienta amor, de reconocer que eres parte de mi existencia. Y que tu sientas el mismo amor. Que sintamos amor en el mutuo reconocimiento.

¡GRACIAS POR FORMAR PARTE DE MI VIDA!


Quizá estás en mi vida actual…
Quizá fuiste una amistad del pasado…
Quizá eres parte de mi familia de sangre…
Quizá no te conozco todavía…
Quizá ya no nos volvamos a ver…
De cualquier modo quiero decirte algo:

AMO PROFUNDAMENTE TU CORAZÓN.

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