Mis Relatos

Adiós amor

Nuestro amor es como esa botella que navega cruzando el Atlántico, surcando un mar de dificultades, ola arriba ola abajo, sin saber si quiera donde llegar, qué orillas acaricia, o qué tormento llegará mañana…

Una sacudida perfecta, remolino en el vientre, voladores en el corazón…

Nuestro amor es tan inesperado que se lleva el corazón de una forma incontrolada, nos arrasa, nos transforma, como si entráramos en una pócima mágica y ya no pudiéramos ser los mismos después de tomarla…

No importa qué digan los otros, aunque nadie lo entienda, solo tu y yo podremos saber qué hay bajo nuestros pechos…

Irremediable fue nuestro encuentro, sabes que no existen las casualidades. ¿A quién se puede amar desde el primer día, a quién se puede sentir sin conocerlo? Es una certeza que está dentro y que te hace dar un paso a ese misterio, aunque no sepamos qué va a suceder. Así nos pasó, nos atrevimos a vivir-nos, vivimos el misterio.

Así llegó tu amor  a mi vida, de pronto, sin esperarte, sin nada en mis manos, sin nada en las tuyas y compartiéndolo todo. Teníamos esa inocencia de amarnos como si fuéramos a morir después. Tan solo mirándonos a los ojos, como si no hubiera otro horizonte, otro paisaje, otra luna, otros ojos…

Y la forma de hablar con el silencio, de llenarnos en el silencio, nuestra complicidad. Ese miedo al decirme que me querías para siempre, esa certeza de escogerme, y mis piernas temblorosas al decirte que te amaba para siempre también.

Y el corazón expandiéndose.

Después de todo, estando juntos o sin estarlo, ahora se, que siempre te amé. Mucho antes de conocerte, al conocerte y después. Así que fue verdad lo que dijimos, pura poesía en tus ojos, lágrima en los míos. Lágrimas de amor, abriéndonos el corazón como si fuéramos niños.

Perderme en tus ojos era lo más bonito que podía tener, al tiempo en que fuimos descubriendo todas nuestras luces y todas nuestras sombras. Recuerdo cómo temíamos perdernos como si nos arrancáramos un trozo de vida.

Y pude verte, completamente, con el corazón desnudo. Así como nadie te vio jamás. Eso que nadie pensaría. Nadie sabe qué guardamos adentro. Fui deshaciendo tus corazas hasta tenerte como nadie te tuvo jamás. No es fácil llegar a este extremo de fragilidad, hay que atreverse, uno se vuelve vulnerable y teme ser herido. Y es parte de nuestra naturaleza, todos tenemos nuestras corazas. Pero tu también fuiste derribando una a una las mías, como si al romper esas murallas, estuviéramos más cerca ¡Este deporte nos encantaba!

Recuerdo las horas tirados en el sofá, mientras tu veías tu serie favorita de televisión y yo quedaba dormida en tu abrazo. No me interesaba esa comedia, no podía jamás ofrecerme algo tan rico y tan pleno como el quedar recostada sobre los latidos de tu corazón. Caminar contigo de la mano por la calle, era un orgullo, una alegría, porque caminaba con un diamante expandiéndose en las calles ruidosa de nuestra ciudad… Recuerdo cuando salíamos a tomar un helado de fresa por la noche, mi favorito, en esas noches calurosas en las que aún abriendo la ventana sentíamos ese calor pesado… Y salíamos a tomar aire fresco, era como un regalo, algo fuera de lo cotidiano.

No podíamos estar más tiempo juntos porque no pudimos resistir lo que nos sucedía. Era parte de nuestro destino quizá, nuestra decisión, nuestro inconsciente. De qué estará hecha la alquimia de nuestras almas, eso que hace que nos transformemos… Esa fuerza que nos unió para amarnos, ¿De dónde viene?

Y nos dijimos la verdad, tu y yo siempre nos amaremos entre los mirlos, en la luna llena que nos decoraba las noches, esa que solíamos mirar desde la azotea de nuestra casa. Esa que sonreía en la madrugada y nos llenaba de luz al dormir bajo su luz…

Como en las noches de verano, recostados, tomando la luz de la luna, agasajados en su infinitud, como cuando te dije al oído que siempre iba a amarte, fuera como fuese, pasara lo que pasara…

El corazón decía la verdad.

Contigo aprendí que en las relaciones podemos ver todo lo que tenemos los seres humanos, incluso lo menos esperado. Que toda la luz sale fuera, pero también es de humanos saber vivir o aprender a vivir con las sombras que portamos. Que nada es perfecto… Que en los momentos difíciles es mejor escuchar el corazón y no escuchar a quien habla desde fuera, sino escuchar esa voz interna. Que lo excluido nos somete y que es más sencillo poder respetarnos como somos. La importancia de respetarme a mi misma. Contigo me di cuenta del amor que tengo a mis raíces, a las costumbres de mi familia y a los míos y la importancia de que ese pilar sea respetado siempre.  Después de todo aprendí contigo muchas cosas, me regalaste tan bellos tesoros que quisiera brindar por ti, por nosotros, porque te vaya bien, porque nos amemos.

Aunque estemos solos, aunque ahora nos toque experimentar la soledad, en el fondo, sabes siempre nos tenemos bajo el pecho, en el corazón sagrado de nuestra existencia. Desde esa fuerza que nos unió, esa más fuerte que nosotros, ese no saber por qué nos elegimos. Esa fuerza también quiso lo mejor para nosotros: hacernos más conscientes de lo que somos. ¡Y este es el propósito verdadero de todas las relaciones!

¿De qué sirve que nos odiemos, cuando pusimos todo nuestro corazón? Lo que pasó pasó y el amor siempre nos queda… No puedo odiarte, no tenemos razones. Fuimos importantes para vernos, para transformarnos enteros, para hacernos más humanos… Y esto es amor.

Hoy deseo que vueles, que rías sin límite y te brillen tanto los ojos que cuando mire la luna llena, pueda ver tu reflejo en ella. Que se llenen nuestros caminos de dicha, de gratitud, por la suerte de habernos encontrado, y de hacernos más conscientes, más enteros, más humanos.

Con amor,

Devi Rodríguez.

 

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