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Así funcionan los traumas

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¿Qué sucede con los traumas?

Cuando alguien vive algo que le encoge el corazón, cuando un niño entra en estado de pánico, miedo, se generan reacciones mecánicas en el organismo para su supervivencia. Se encoge el corazón, uno se vuelve sensible y luego se activarán mecanismos de defensa que aseguren la supervivencia del mismo.

A veces el dolor es tan grande que no se puede ver, o que nos prohibimos la mirada para no rompernos, para sobrevivir.

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El asunto es que luego la persona adulta, traslada ésto en su vida futura. Un niño que vive un trauma, lo siente en el cuerpo, siente incluso como si fuera a morir. Desconoce una herramienta para salir de ahí, para gestionar sus emociones.

Un síntoma que se desencadene podría ser, por ejemplo, la rabia. Gracias a la rabia puede sobrevivir. Otro recurso podría ser “el victimismo”. Todos ellos permiten que la persona pueda sobrevivir, continuar con su existencia. Justamente el victimismo hace que la persona no se responsabilice de su existencia, sino que se base en culpar a otros o a las situaciones que vivió para justificar su dolor. Esta postura no es adulta, pues te limita en responsabilidades. Pero gracias a estos mecanismos de defensas el ser humano puede llevar un dolor que le resulta insoportable.

Hace un par de días, vino a la consulta una señora que aseguraba no sentir absolutamente nada. No saber hacia donde dirigirse en su vida. Indicaba que su madre era una mujer sin sentimientos, una mujer dura, que quería hacerle daño a todo el mundo ya que no podía sentir el dolor ajeno. Conforme profundizábamos en la sesión, entendimos que detrás de esta conducta aparentemente insensible, había un trauma. Comenzamos a analizar qué había detrás de ese congelamiento. Igual que su madre, ella permanecía congelada en su vida, lo que le impedía tomar fuerza, dirección y determinación. Tanto ella como su madre, habían generado mecanismos de defensas y congelándose se impedían ver la herida. La señora salió de la consulta entendiendo este mecanismo de defensa, con una nueva postura. ¿Qué había detrás de ese aparente “no sentir” la vida? Abusos sexuales en la infancia, falta de amor y cariño por parte de su familia. Así, entendió, “era mejor no sentir”.

Estos mecanismos de defensa que podemos desarrollar todos los humanos en diferentes etapas de la vida, tienen su utilidad. Pero no son mecanismos saludables. Lo que fue adecuado en un momento de nuestra vida, luego nos hace ser prisioneros de ello.

Cierto es que cualquier mecanismo de defensa tuvo su utilidad, el asunto es que luego, pasado el tiempo, llevamos este mecanismo a nuestra vida. Esto es lo que nos resta, en vez de sumarnos.

Nuestra tarea en consulta es abrir ese contenedor para que puedan entrar mecanismos más saludables. Abrir el contenedor de las heridas para integrar aquello que sucedió y entender por qué has generado un mecanismo de defensa, cómo funcionó, en qué te ayudó y dejarlo ir.

Primero ver ese sistema de defensas al que algún día recurriste, aceptarlo, comprenderlo y luego empezar un proceso de liberación personal.

Lo bello de la vida, es que podemos vernos, construirnos de nuevo, cerrar lo antiguo para dar fuerza a lo nuevo. No se trata de negar lo que sucedió, te invitamos a verlo y a continuar tu vida sobre lo que pasó. Porque el pasado también forma parte de nosotros, y lo profundamente sanador es darle un buen lugar, que tenga nuestra mirada, nuestro abrazo y también nuestro adiós. No nos desvincularemos de un episodio traumático en la vida, siempre será parte de nosotros, pero no será la herida o el sistema de defensas que creamos a partir del trauma lo que dirija nuestra vida.

La vida es cambio, y como tal nosotros como agentes de vida también lo somos. Todo fluye, nada permanece. Los sistemas de defensas se pueden reconocer y generar una nueva forma de vida.

No nos vamos a morir por estos mecanismos de defensa que hayamos creado, pero si seremos un poco menos felices.

¡Te invitamos a abrirte, a mirar lo excluido, a integrar lo que pasó!

Esto es hacernos cargo de nuestro propio bienestar. Este proceso viene desde dentro, no desde fuera.

Solo cuando estamos dispuestos a conectar con nuestra parte adulta podemos abrirnos a tener una mejor vida.

Con amor,

Devi Rodríguez.

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